Divulgativo CENIAP                                                                                                                Volumen 2(1) - 2002


Educación, Desarrollo Rural y Seguridad Alimentaria

Alberto Valle 1

 

1 Investigador de la Unidad de Agrosocioeconomía.
   email: albertvallesoll @ yahoo.com
   CENIAP. Apdo 4653. Maracay 2101. Venezuela



El objetivo general planteado por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) resalta, que su contribución para el 2.020 estará sustentada en “un mundo donde todas las personas tengan acceso a suficiente alimento para llevar una vida sana y productiva, donde no haya malnutrición y donde los alimentos provengan de sistemas de producción eficientes, eficaces y rentables que sean compatibles con el uso sostenible de los recursos naturales".

Para lograr dicho objetivo, este Organismo deberá considerar que toda política encaminada a mejorar la seguridad alimentaria tiene que basarse en el conocimiento de tres aspectos que respondan a las interrogantes: ¿Quiénes están expuestos a la inseguridad?, ¿Dónde están localizados? y ¿Cómo las políticas pueden resolver el problema? Para responderlas eficaz y eficientemente se requerirá el aporte compartido entre los gobiernos y la sociedad civil (especialmente en los países en desarrollo), donde será necesario realizar el máximo esfuerzo para lograr un mayor crecimiento económico, especialmente en lo que respecta a la agricultura. Este sector ofrece mayores oportunidades para acelerar la economía, reducir la pobreza y el hambre, por lo cual deberá ocupar un lugar prioritario en los planes nacionales y regionales, resaltando las prácticas de mantenimiento ambiental y biodiversidad.

En latinoamérica, a pesar de tener una presión poblacional relativamente reducida y disponer de una gran riqueza de recursos naturales, la contribución del complejo agroalimentario a la formación del ingreso nacional ha disminuido, el número de pobres ha aumentado, y consecuentemente, existe una situación grave de malnutrición de la población, lo que indirectamente demuestra una deficiente seguridad alimentaria. Basado en ello, las áreas especialmente importantes para un desarrollo integral y armónico corresponden a la agricultura, recursos naturales, seguridad alimentaria, nutrición y pobreza. Lo anterior implica serias transformaciones institucionales, productivas, comerciales y humanas.

En general, las directrices políticas sobre el papel, la importancia y lo que representa la agricultura para la sociedad no han sido del todo afortunadas, tal vez debido a que no ha sido bien entendida. En su sentido amplio, va mucho más allá de la oferta de alimento, donde la producción no es propiamente un fin sino un medio para tratar de satisfacer el consumo, correspondiendo los beneficios sociales en propiciar productos más económicos. La importancia de la producción de alimento y su relación con la paz social, el arraigado sentido de pertenencia que presentan los productores rurales y el valor agregado potencial para sus productos son argumentos favorables para este rubro. Su desconocimiento hace que en la mayor parte de los países en desarrollo la agricultura sea relegada en términos de prioridades de inversión.

Educación y desarrollo

En términos absolutos (entendiéndose como la cantidad de personas que laboran en el campo), la población mundial dedicada a labores agrícolas sigue en aumento, en especial la de los países en desarrollo. La tasa de evolución de la población agrícola (personas para las cuales la agricultura constituye el medio de existencia, abarcando tanto a los trabajadores directos como aquellas a su cargo) presenta una tasa diferencial, ya que proviene de la relación entre el crecimiento demográfico de una población en particular y la migración rural. Entretanto, muy pocos de sus actores están informados sobre el papel de la agricultura en la economía global, y en especial de la importancia de la agricultura familiar como fijadora del hombre al campo. Su conocimiento es de vital interés para el pleno entendimiento de la importancia de esta actividad.

Esta situación, sumada a la falta de crecimiento de la economía rural campesina, trae como primer paso el éxodo rural, correspondiendo a la ciudad ser refugio de estas poblaciones cuya saturación de empleo hace crear un cinturón de pobreza a sus alrededores. Esta incidencia pudiera ser disminuida mediante una mejor educación de la población rural, ya que un esfuerzo a favor de una formación e información de este sector es necesario para el normal crecimiento agrícola, realzando el papel que la agricultura debe desempeñar en el proceso global de desarrollo. La FAO presenta una proyección para Latinoamérica en la cual la población rural relativa permanece proporcionalmente estancada mientras que la población urbana va en ascenso.

No basta educar para desarrollar. Será necesario además que la expansión de la educación vaya acompañada de una modernización socioeconómica de los procesos agrícolas para alcanzar su verdadero significado. Esta modernización no deberá ser enfocada con visión reduccionista, sino que deberá ser ampliada con ciertos aspectos locales (costumbres, creencias, género y conocimiento de la zona), así como la participación activa del productor en la toma de decisiones.

El escaso índice de formación de los productores rurales puede explicarse por las propias condiciones de su localización geográfica, pero también pudiera ser debido a la creencia general de que no es necesaria para llevar a cabo sus labores cotidianas. Sin embargo, existe una relación directa entre el nivel de educación y el grado de modernización de la agricultura, la cual, si no va de la mano con el desarrollo de la formación humana, acelerará el éxodo rural por representar la única forma de valorización de su formación, mejorar los ingresos y en general, su nivel de vida.

Los problemas de desarrollo rural no se resolverán mediante la organización de una segregación educativa, ya que la transformación del sector agrícola es la que brindará a la educación su verdadera importancia. Ello involucra el entendimiento del papel que representa la agricultura y los agricultores en el desarrollo, integrando la formación rural a la formación global para un mejoramiento de la productividad.

La educación puede convertirse también en un instrumento de cambio social, ya que no solamente representa el medio para acrecentar la receptividad al progreso y la difusión de tecnologías, sino que puede permitir el reconocimiento de los actores del desarrollo rural, capaces de responsabilizarse del desarrollo de su comunidad.

Existen relaciones de interdependencia entre la agricultura y la economía global, así como entre lo rural y lo urbano. La agricultura desempeña un papel preponderante en el despegue económico, pero el crecimiento global conduce a importantes transformaciones en la economía agrícola contribuyendo a su desarrollo, mediante el incremento de la producción de alimentos, transferencia de recursos y contribución al proceso de industrialización.

Lo anterior solamente será posible con el incremento de la productividad agrícola, mediante un cambio tecnológico para producir más por unidad de superficie, sumado a la ampliación sustentable de la superficie cultivada. Para ello será necesario, que los países en desarrollo otorguen prioridad a la transferencia tecnológica e investigación aplicada basada en investigaciones temáticas mediante equipos multidisciplinarios, utilizando de manera eficaz y eficiente los recursos y talentos disponibles, cuya representación esquemática se muestra en la Figura 1.

Hay que tener presente que el progreso agrícola supone un proceso constante de invención, innovación, transferencia y demostración para que los productores rurales puedan apropiarse de los beneficios y transferirlos al seno de su comunidad. Hacerse cargo de su propio futuro supone la elección y puesta en marcha de modos de organización socioeconómicos, definiendo el contenido de la acción comunitaria.

Si la modernización técnica y social del campo no corre paralelamente con el desarrollo de la educación será inevitable el éxodo rural, ya que será la única salida para conferir valor agregado a la instrucción adquirida. Este problema no se resolverá mediante la organización de una segregación educativa (escuelas técnicas agropecuarias a nivel rural), sino que dependerá de las transformaciones oportunas de las estructuras socioeconómicas de la agricultura y de la modificación de las situaciones relativas actuales de los productores rurales, formando hombres para trabajar mancomunadamente para el desarrollo del país. La agricultura no atraerá a los hombres talentosos, si ellos no encuentran allí condiciones para su desarrollo personal y profesional.

Pobreza rural y seguridad alimentaria

La pequeña agricultura de los países en desarrollo está caracterizada por la mano de obra familiar, baja productividad y su única fuente de ingresos, representando en su conjunto una unidad de producción y consumo al mismo tiempo. Una consecuencia importante del sesgo de las políticas económica de la mayoría de los países en desarrollo ha sido el crecimiento de la pobreza rural y, consecuentemente, de la inseguridad alimentaria. Esta inseguridad alimentaria se concentra en la falta de ingresos suficientes para acceder a los niveles mínimos de alimentación, compatibles con la salud y dignidad humana.

Sin embargo, hay que reconocer que su nivel productivo ha sido particularmente adaptado a sus restricciones, donde nada le sobra y todo le falta, especialmente recursos y tecnología. Para tratar de revertir este proceso se debe comenzar con la diversificación de sus actividades, o sea, modificar diversos factores que impiden su desarrollo.

En la gran mayoría de los países latinoamericanos una de cada seis personas carece de acceso a los alimentos necesarios para subsistir, por lo que para conseguir una seguridad alimentaria es preciso fomentar el desarrollo de la economía rural en todo su conjunto. Las estrategias regionales para garantizar una seguridad alimentaria deben estar basadas en información, tecnología e inversión con la finalidad de lograr un fortalecimiento de las instituciones para la realización de sus funciones, disponer de mayores recursos para invertir en el sector rural, imprimir una aceleración de la productividad agrícola así como su sustentabilidad en concordancia con los recursos naturales, desarrollar mercados para reducir costos de comercialización y reorientar la asistencia técnica al sector rural.

Los cuatro elementos básicos para propiciar y garantizar una seguridad alimentaria se indican el la Figura 2, constituidos por la suficiencia, autonomía, accesibilidad y establilidad.



La suficiencia representa el grado en que la disponibilidad de alimentos satisface los requerimientos nutricionales de la población. La autonomía involucra la proporción en que la producción nacional participa de la disponibilidad. La accesibilidad muestra la proporción de la población con accesos a los alimentos, y la estabilidad reúne a los tres elementos anteriores en términos de permanencia en el espacio y tiempo.

A pesar de las potencialidades que existen, el bienestar y desarrollo de las comunidades rurales se ve a menudo estancado, ya que los productores agrícolas presentan ciertas aparentes desventajas con relación a otros sectores, ya que el suyo es un sistema productivo inflexible (no permite recombinar factores una vez iniciado), y estacional en sus productos, cuyos bienes se producen con una gran incertidumbre y riesgo, más aun siendo los productores tomadores y no fijadores de precios. Esta situación sumada a la falta de información (básicamente en lo referente a su enfoque sectorial), no facilita sino más bien dificulta una reversión de la situación de pobreza rural.

Otro aspecto de interés es el conocimiento de que la agricultura per se no pude eliminar todas estas distorsiones, las cuales deberán ser enfrentadas mediante un enfoque integral de estrategias regionales basadas en el concepto de que la tasa de retorno de las inversiones tendientes a reducir la pobreza rural es mayor de que lo que se estima (en general no se cuantifica económicamente el bienestar social que ella genera), así como implementar una visión económica al concepto de equidad que presupone un mayor control por parte de la población pobre en condiciones de inseguridad alimentaria.. Solamente de esta manera conceptual se podrá enfrentar y vencer a la pobreza y la desigualdad existente.

La agricultura y el medio rural no pueden visualizarse de una manera particular y fraccionada, ya que ambas representan los problemas de un conjunto de la sociedad, cuyas soluciones repercutirán sobre ella.

El enfoque sistémico de la agricultura esquematizado en la Figura 3, permite tomar en consideración la multidimensionalidad del sector y sus organizaciones, mediante sus tres principales componentes operativos: los espacios territoriales, las cadenas agroproductivas y sus interacciones. Ello implica abandonar la tesis sectorial, estática y aislada que aún hoy predomina en algunos países, ampliando su área de acción e influencia hacia los complejos agroindustriales y agroalimentarios, para asegurar reales beneficios no sólo a los que de ella viven, sino también para el conjunto de la economía y la sociedad.



Su basamento representa la visión multitudinal, interdisciplinaria, interinstitucional y dinámica de la agricultura, vinculándola a las técnicas productivas y la transformación de sus productos, plasmando el desarrollo sustentable de la actividad agrícola en términos de competitividad (ventajas que permiten capturar y mantener el control de los mercados), equidad (organización de la sociedad para el respeto mutuo de los derechos y oportunidades) y solidaridad (cohesión social en la responsabilidad de disminuir la pobreza), basadas en la persona como ente central del proceso.

Bibliografía consultada

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